Mañana se celebra el tercer aniversario de la muerte de Rodolfo Rodríguez El Pana y, los que le conocimos y amamos sentimos una nostalgia desmesurada hacia tan irrepetible personaje. Pudimos conocerle y amarle porque como el mundo sabe, los últimos años de su vida los pasó en España con la bendita ilusión de poder confirmar su alternativa en Madrid, lo que era su sueño dorado y, desdichadamente se marchó al otro mundo sin que el taurinismo le concediera lo que él entendía como un sagrado derecho, no en vano, su carrera así lo demandaba.




La ilusión, como no puede ser de otro modo, nos llevará hasta Cáceres el próximo dos de junio en que, por arte de magia, en este caso, por la gracia de ese soñador y bohemio empresario taurino llamado Alberto García, el hombre, con la ilusión que le desborda ha confeccionado un cartel rotundamente maravilloso. Nada más y nada menos que ha reunido, en un mano a mano sensacional y apasionante a dos toreros extremos que, ambos, ostentan el sello, la vitola de ser toreros artistas, algo que en los tiempos que corremos es poco más que un milagro.
No es nada sencillo y mucho más en los tiempos que vivimos que una ganadería cumpla cien años de su presentación en Madrid, caso del encaste del Marqués de Albaserrada que, en las manos de Victorino Martín, Adolfo Martín y José Escolar, dichas ganaderías le siguen dando grandeza a nuestra singular fiesta taurina. Este es nuestro humilde homenaje hacia dicha ganadería y, sin duda, a los que ahora son los artífices de que dicha sangre sigan propiciando éxitos a sus lidiadores, todo un lujo para ellos puesto que la casta de dicha ganadería no es motivo de algarabía para las llamadas figuras del toreo.