
La entrada más baja de la feria 62 de Cali, se registró en el último día del año 2019 con apenas dos mil personas en los tendidos.
Se lidiaron ejemplares de diferentes ganaderías, cada uno en su tipo, su encaste y sus características morfológicas propias de cada casa.
En su orden saltaron a la arena, Paispamba – Manuel Orbes – Guachicono – Salento (indultado) – Ernesto González y Fuentelapeña.
Paco Perlaza con el Paispamba realizó series con la mano derecha templadas pero deslucidos los remates de pecho que fueron algunos trompicados por los derrotes arriba del toro. Por el izquierdo apenas hubo insinuaciones. No fueron bien empleados los aceros y se silenció su labor. La otra cara de la moneda la tuvo en el cuarto, un toro marcado con el hierro de Salento de número 146 con 476 kilos de nombre Manchado que fue extraordinario y así mismo se desarrolló la faena desde que lo recibió con el capote en largas cambiadas hasta cuando se ordeno el indulto del ejemplar. Perlaza estuvo muy torero, muy dispuesto, muy enterado y fabricó excelente labor muleteril. Dos orejas simbólicas.
El valenciano Román que hacía su presentación en Cañaveralejo tuvo en el toro de Manuel Orbes, un ejemplar áspero, brusco y con genio en sus embestidas que a base del buen temple logró momentos de lucimiento por el derecho mas no por el otro pitón por donde lo engarzó dejándolo muy maltrecho de la paliza sobretodo en la zona de la cadera y que seguro fue factor que incidió para no acoplarse con las embestidas del de Ernesto González que tuvo complicaciones y en el que le sonó un aviso. Estuvo desacertado con los aceros en sus dos oponentes.
Luis David Adame, volvió a lucir y ratificó el buen momento por el que atraviesa después de su presentación en el festival, indultando un ejemplar de las herederas de Ernesto González Caicedo. Con el toro de Guachicono, estuvo francamente bien. Variado con el capote. Quite por caleserinas. Con la muleta, estuvo firme, interpreta el toreo con gusto, dejando la mano que no torea suelta, demostrando tranquilidad y confianza en lo que realiza. El toro, encastado, bravo, celoso en la muleta y así lo entendió el hidrocálido que con un espadazo certero lo mandó al destazadero para ser premiado con el doble trofeo y los honores de vuelta al ruedo al ejemplar. Con el toro de Fuentelapeña, otra vez tranquilo, sosegado en muletazos por derecha y difícil por el izquierdo, encasquillándose la espada y recibiendo un recado presidencial.
Néstor Antonio Giraldo Mejía

